
Las dalias son de las flores más espectaculares y agradecidas que puedes tener en el jardín o en macetas: sus flores, en una variedad de formas, tamaños y colores casi infinita (desde pequeñas y sencillas hasta enormes bolas del tamaño de un plato), llenan el verano y el otoño de color hasta las primeras heladas. Crecen a partir de unos tubérculos y, con unos cuidados sencillos, regalan una floración larguísima y abundante. La primera vez que cultivé dalias me sorprendió lo mucho y lo tiempo que florecieron con tan poco esfuerzo. Aquí tienes cómo cultivar dalias.
Qué son las dalias
Las dalias son plantas que crecen a partir de tubérculos (una especie de raíces engrosadas), originarias de México. Se plantan en primavera, crecen durante la temporada cálida y florecen con abundancia desde el verano hasta las primeras heladas del otoño, momento en el que la parte aérea muere y el tubérculo entra en reposo. Hay una variedad asombrosa de formas y colores, lo que las hace irresistibles para los amantes de las flores.
Cuándo y cómo plantar
Las dalias se plantan a partir de sus tubérculos en primavera, cuando ha pasado el riesgo de heladas (son sensibles al frío). Se plantan en un hoyo, con el tubérculo tumbado y el «cuello» (de donde brotará el tallo) hacia arriba, cubierto de unos centímetros de tierra. En maceta, necesitan una grande por su tamaño. También las hay que se pueden cultivar desde semilla, aunque los tubérculos son lo más común y seguro.
La luz: mucho sol
Las dalias quieren mucho sol: al menos seis horas de sol directo al día para florecer bien. El sol es clave para una floración abundante. Colócalas en el punto más soleado de tu jardín o balcón. Con poco sol, dan menos flores y crecen más débiles.
El riego
Las dalias quieren un riego regular, manteniendo la tierra húmeda sin encharcar. Ojo con un detalle: justo tras plantar el tubérculo, conviene regar poco hasta que broten (el exceso de agua sobre un tubérculo sin brotes puede pudrirlo), pero una vez que la planta crece y florece, sí quieren riego abundante y regular. En maceta y verano, riega a menudo. Riega en la base, evitando mojar las flores.
El entutorado
Las dalias, sobre todo las variedades altas y de flores grandes, pueden necesitar un soporte o tutor, porque sus tallos, cargados de flores pesadas, se doblan o parten con el viento y la lluvia. Coloca una caña o tutor junto a las variedades grandes y ve atando el tallo a medida que crece. Las variedades enanas o de porte bajo no lo necesitan.
El abonado
Para una floración abundante, las dalias agradecen un abonado regular durante su crecimiento y floración, con un fertilizante rico en potasio (para flores). Evita el exceso de nitrógeno, que da mucha hoja y pocas flores. Un buen abono se traduce en más y mejores dalias.
El «deadheading»: clave para una floración larga
Como con muchas flores, quitar las flores marchitas alarga muchísimo la floración de las dalias. Retira las flores pasadas conforme se marchitan, cortándolas para que la planta no gaste energía en semillas y siga produciendo flores nuevas. Con este sencillo gesto, una dalia florece sin parar desde el verano hasta las heladas. Ojo al distinguir los capullos por abrir (redondeados) de las flores ya marchitas (puntiagudas) para no cortar los que van a florecer.
Qué hacer en invierno con los tubérculos
Aquí hay un cuidado importante. Las dalias no toleran las heladas: cuando llega el frío, la parte aérea muere. En climas suaves, los tubérculos pueden quedarse en la tierra (bien acolchados y protegidos). Pero en climas fríos, con heladas, conviene desenterrar los tubérculos tras las primeras heladas, dejarlos secar, limpiarlos y guardarlos en un sitio fresco, seco y oscuro (en turba, arena o serrín) durante el invierno, para volver a plantarlos en primavera. Así conservas tus dalias año tras año y evitas que el frío las mate.
Problemas frecuentes
- Pocas flores: falta de sol, exceso de nitrógeno o no quitar las flores marchitas.
- Tallos partidos o doblados: falta de tutor en las variedades altas.
- Tubérculo podrido: exceso de agua, sobre todo antes de brotar o en invierno.
- Pulgón: plaga común en los brotes; jabón potásico.
- Babosas y caracoles: se comen los brotes tiernos; vigílalos.
- Oídio (polvillo blanco): al final del verano; airea y trata.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se plantan las dalias? Sus tubérculos se plantan en primavera, cuando ha pasado el riesgo de heladas, porque son sensibles al frío. Florecen desde el verano hasta las primeras heladas del otoño.
¿Qué hago con las dalias en invierno? En climas fríos, desentierra los tubérculos tras las primeras heladas, sécalos y guárdalos en un sitio fresco, seco y oscuro hasta la primavera. En climas suaves, pueden quedarse en la tierra bien protegidos.
¿Cómo consigo que florezcan más? Con mucho sol, buen abonado (rico en potasio), y quitando las flores marchitas (deadheading), que anima a la planta a seguir floreciendo hasta las heladas.
¿Necesitan tutor las dalias? Las variedades altas y de flores grandes, sí, porque sus tallos cargados se doblan o parten. Las enanas o de porte bajo no lo necesitan.
¿Puedo cultivarlas en maceta? Sí, en una maceta grande (por su tamaño), con mucho sol, riego regular y abono. Las variedades enanas van especialmente bien en maceta y balcón, y no necesitan tutor.
¿Las dalias vuelven cada año? Sus tubérculos son perennes, así que sí, si los conservas: en climas suaves aguantan en la tierra bien protegidos, y en climas fríos hay que desenterrarlos y guardarlos en un sitio fresco y seco durante el invierno para replantarlos en primavera. Así una sola dalia te puede durar y multiplicarse durante muchos años.
¿Son fáciles de cultivar las dalias? Sí, bastante: con sol, riego regular, abono y quitar las flores marchitas, florecen abundantemente y durante mucho tiempo. Lo único algo laborioso es conservar los tubérculos en invierno en climas fríos. Por lo demás, son muy agradecidas.
La increíble variedad de dalias
Una de las cosas que engancha a los amantes de las dalias es la variedad casi infinita de formas, tamaños y colores. Las hay diminutas y sencillas, y otras del tamaño de un plato (las «dinnerplate»). En cuanto a forma, están las de flor sencilla, las cactus (de pétalos puntiagudos y erizados), las decorativas (de bola compacta), las pompón (pequeñas y esféricas), las de collarette (con un anillo central), y muchas más. Y en color, prácticamente toda la gama excepto el azul puro. Esta diversidad hace que coleccionar dalias sea una afición en sí misma, y permite combinarlas para crear parterres y macetas espectaculares. Para empezar, cualquier variedad es fácil de cultivar; luego, ir descubriendo las miles de formas y colores que existen es parte de la diversión de esta flor tan agradecida.
Cómo multiplicar tus dalias
Las dalias se multiplican fácilmente, lo que permite tener cada año más plantas gratis a partir de las que ya tienes. La forma más común es por división de los tubérculos: en primavera, antes de plantar, se divide la mata de tubérculos (que ha crecido durante la temporada anterior) en varios trozos, asegurándose de que cada división tenga un trozo de tubérculo y un «ojo» o yema (de donde brotará el nuevo tallo). Cada división dará una planta nueva. También se pueden propagar por esquejes de los brotes tiernos en primavera. Así, de unas pocas dalias, en un par de años puedes tener toda una colección, o compartir con amigos. Es una de las razones por las que las dalias enganchan tanto: son generosas también a la hora de multiplicarse.
¿Cuántos tipos de dalia hay? Muchísimos: sencillas, cactus, decorativas, pompón, dinnerplate (gigantes)… en prácticamente todos los colores excepto el azul puro, y en tamaños desde diminutas hasta del tamaño de un plato. Esa variedad hace de coleccionar dalias una afición en sí misma.
¿Cómo multiplico mis dalias? Sobre todo dividiendo los tubérculos en primavera: separa la mata en trozos, cada uno con un tubérculo y una yema. También por esquejes de brotes tiernos. De unas pocas dalias tienes una colección en un par de años.
Errores frecuentes con las dalias
- Plantarlas antes de que pase el frío: los tubérculos son sensibles a las heladas. Planta en primavera, pasado el riesgo.
- Regar mucho antes de que broten: puede pudrir el tubérculo. Riega poco hasta que salgan los brotes.
- No poner tutor a las variedades altas: los tallos cargados se doblan o parten.
- No quitar las flores marchitas: reduce la floración. El deadheading la mantiene florida hasta las heladas.
- Dejar los tubérculos a la intemperie en climas fríos: el frío los mata. Desentiérralos y guárdalos en invierno.
Evitando estos fallos, las dalias son una de las flores más espectaculares y agradecidas que puedes tener, con una floración larguísima y una variedad de formas y colores que engancha. Pocas plantas dan tanto color al jardín desde el verano hasta las primeras heladas del otoño.
Para seguir, te interesan: flores fáciles de cultivar, cómo cuidar rosales para que florezcan sin parar y plantas para atraer abejas y mariposas.
Deja una respuesta